Letras sin alas (Como lo que siento).

Si pudiera decirte lo que siento,

no usaría el abecedario.

Si pudiera hacértelo saber,

tendría que mirarte.

Si pudiera decirte algo honesto,

sería que te quiero,

que todavía te quiero.

Y que las palabras que no tengo

es porque no son capaces de ser

solo palabras,

porque a esas

se las lleva el viento

y lo que siento

no lo he podido echar a volar.

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Agrio y dulce, y a volar.

Hoy decidí que voy a dejarnos.
Es hora de liberarte de mis ataduras.
Es hora de liberarme de ti, de tu recuerdo, de mis esperanzas.

No puedo decir que te dejo ir,
porque hace tiempo que tú te fuiste.
Más bien, me dejo ir.
Me voy de donde me dejaste,
de donde me quedé, abrazándote.

Hoy dejo a tu fantasma
y a todas las historias que me cuenta
y que no me han dejado volver a soñar.

Hoy me voy,
para poder sentir otra vez el aire en la cara,
sin pensar en tus manos.
Me voy para no verte cada vez que cierro los ojos.
Me voy porque no vaya a ser
que vuelva a susurrar tu nombre,
y tú vuelvas a escucharme,
Y entonces te asomes.

Me voy de ti,
aunque tú me hayas dejado primero.
Me voy de mí sin ti,
para volver a sonreír,
para dejar que otra o qué cualquier cosa,
puedan hacer latir mi corazón
sin esta arritmia que tú marcaste.

Hoy dejo el silencio de este lugar
que un día fue nuestro.
Se quedan nuestras sombras,
y los besos y las canciones.
Se quedan las noches de abril.

Hoy por fin,
yo también me voy,
mi amor,
dejo de ser tu carga,
dejas de ser mi amor, amor.
Y este poema agrio y dulce,
A volar,
que si un día lo encuentras,
déjalo también en aquel lugar,
a un lado de tu olvido.

El Manto Y La Corona


Como no estamos solos en el mundo,
y miramos afuera, y nuestra isla de amor está comunicada por puentes incontables con las necesidades, las tristezas, el dolor de las gentes; como te sientes reclamada por una obligación más fuerte que tu misma ventura, ya no te basta que te diga, o te cante o te llore que te quiero para creerme que te quiero.

Me has pedido que piense en combatir; que tome, por mi orgullo y por tu amor, mi sitio, mi lugar de soldado en la amargura de los ejércitos humanos. Porque te quiero y porque soy, te escucho; y porque quiero ser porque te quiero.

Estoy aquí, diciéndote que no he olvidado lo que debo; y estoy contento, porque corro mis riesgos junto a ti. Porque a mi izquierda y a mi derecha estás luchando,y porque sé que cuando vuelva a descansar mis brazos, a cerrarme las recientes heridas, ya no será para estar solo. 
Rubén Bonifaz Nuño