Completando(nos).

Uno
Dos
Tres
Cuatro y te voy a robar
Cinco
Seis
Siete besos en toda tu sonrisa
Ocho
Nueve
Diez
Ven por estas ganas acumuladas
Nueve
Ocho
Siete veces en aquellas lunas y la sombra
Seis
Cinco
Cuatro
Quédate conmigo para siempre
Tres
Dos
Yo 💛

01:39, 09:02, 09:38
10:06:
te amo
te amo, adios
(tic tac)
mi cohete, tu luna
(música)
te extraño

El Manto Y La Corona


Como no estamos solos en el mundo,
y miramos afuera, y nuestra isla de amor está comunicada por puentes incontables con las necesidades, las tristezas, el dolor de las gentes; como te sientes reclamada por una obligación más fuerte que tu misma ventura, ya no te basta que te diga, o te cante o te llore que te quiero para creerme que te quiero.

Me has pedido que piense en combatir; que tome, por mi orgullo y por tu amor, mi sitio, mi lugar de soldado en la amargura de los ejércitos humanos. Porque te quiero y porque soy, te escucho; y porque quiero ser porque te quiero.

Estoy aquí, diciéndote que no he olvidado lo que debo; y estoy contento, porque corro mis riesgos junto a ti. Porque a mi izquierda y a mi derecha estás luchando,y porque sé que cuando vuelva a descansar mis brazos, a cerrarme las recientes heridas, ya no será para estar solo. 
Rubén Bonifaz Nuño

“Sólo para locos”

De mi adecuada lectura de domingo, extraje un pedazo que bien puedo adaptar a mi vida actual, comparándome con el lobo estepario, mis días, y éste en especial transcurre así, pacífica y dramáticamente sin emoción, con esa paz que irónicamente inquieta porque es como beber un té tibio cuando mi lengua quisiera quemarse o helarse. 

De las anotaciones de Harry Haller:

“Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de la tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas. Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablemente odiosa y repugnante, y tengo que refugiarme desesperado en otras temperaturas, a ser posible por la senda de los placeres y también por necesidad por el camino de los dolores. Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces, de arrancar la peluca a un par de ídolos generalmente respetados, de equipar a un par de muchachos rebeldes con el soñado billete de Hamburgo, de seducir a una jovencita o retorcer el pescuezo a varios representantes del orden social burgués. Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, está salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente.” 

Romanticismo crónico.

Yo no quiero un amor para siempre, esos duran muy poco. Mejor uno o varios de esos romances etéreos que se pueden convertir en tinta y papel, en inspiración, en historias que van a volver a contarse. Esos romances que siempre tienen vida, porque viven en cada boca que lo cuenta, porque viven en acciones que fueron inspiradas en ellos, porque viven entre hojas, entre letras, entre tinta y sueños.

No, yo no quiero un amor para siempre. Inventamos el “siempre” y lo “eterno” para poder tener fe. Fe en el amor, fe en dios, fe en todo lo que tarde o temprano se nos escapa. Y es que “siempre” solo esta bien aplicado cuando decimos que nada es para siempre. Pero los enamorados se aferran a un “siempre” como si pudieran desafiar la vida misma.

Y es que cuando uno esta enamorado dice las cosas más bonitas, pero también las más inciertas, y a veces, las más irreales. Las primeras veces uno realmente se lo cree, luego viene la irremediable bofetada de realidad, y dejamos de creer. Algunos no se recuperan, algunos se ajustan, y algunos, un buen día entendemos que ser románticos, es inherente a nuestro ser, e independiente de otro sujeto.

Entonces algunos seguirán su camino en soledad, mientras otros irán juntos de la mano, atrás, adelante o al lado, cómoda o soportablemente pero juntos. Y algunos, seguiremos simplemente siendo irremediablemente románticos, solos o no, pero románticos. Ya sin buscar al gran amor de nuestra vida, ya sin buscar un amor eterno, ya sin buscar, pero viviendo con la ironía del SIEMPRE románticos.

Así que no, ya no quiero un amor para siempre, sin embargo, seguiré escribiendo historias donde el amor esté presente. Porque el amor, en sus infinitas maneras, me toca. Y cuando me toca, soy del romance. Y el romántico tiene derecho a decir cualquier estupidez solo porque se trata de amor; y el amor… El amor inspira.

  

Cartas a nadie: Carta I.

Amor, mi querido amor. 

Mi amor de antes.

Hace tiempo que nada entre tú y yo parece suficiente.

Hace un tiempo, que nuestro amor pasó de ser hoguera a ser témpano.

Siento frío. 

Encuentro cobijo y café caliente en otro sofá.

Más no, no hay otro amor además del tuyo.

Hago malabares con tus ojos y tus labios,

Guardo la humedad que me provocas cuando te acercas con las manos desnudas.

Te soy fiel, no lo hago por compromiso, sino por gusto.

Sin embargo, tu deshielo me alcanza y me siento como en medio de un aguacero a mitad de la noche atravesando la calle.

Amor mío; aunque quizá ya no eres tan mío, tal vez me lo repito para seguir sosteniendo esta historia.

La historia de los dos, juntos, separados, amándonos y detestándonos.

Mis noches me cuentan secretos, sueños que se sienten reales…

Y eso es lo que más quiero… sentir. 

Por eso me voy a la cama sin ti, por eso me desvelo entre fantasías y sudores que no provienen de tu piel.

A veces quisiera dejar intacto este amor; contemplarlo detrás de un aparador.

Tú me has enseñado a sentir, y por eso te amé.

Construimos y destruimos. Pero hay piezas que ya no encajan. 

Cosas irrecuperables, como cuando la aspiradora se ha llevado una pieza del rompecabezas y te das cuenta 1 semana después; cuando ya ha pasado el camión de la basura.

Hay tanta belleza en nuestra inexperiencia con el amor;

y al parecer, toda la experiencia adquirida, lleva una etiqueta con precio más iva.

Trato de suavizar mis palabras para que no te golpeen, a veces quisiera poder disolverlas en un té de menta para dártelo a sorbos, pequeños y dulces. Ojalá no fuera tan brusca, ojalá pudiera ser suave.

Tengo mi bolsillo izquierdo lleno de intentos, 

y al derecho lo he descosturado para poner ahí todo tu desdén; 

quizá pensando que pueda escaparse sin acumularse, sin llegar al fondo.

Nos hemos auto medicado con tiempo y espacio, sin pensar en la sobredosis; ¿ves aquel abismo? Lo hemos formado con nuestros pasos. Estos pasos, algunos firmes, algunos titubeantes, pero de los dos.

Aun así, te arrastro por las calles, conmigo, aunque no estés, aunque no me des nada. 

Te hago un hueco dentro de mis pensamientos porque quisiera poder compartírtelo todo, y sin embargo, no puedo compartirte mi realidad… Ni en una carta, ni en mil, podrías entender mis dimensiones, y mira que mis letras son lo más cercano a mi corazón honesto.

Nuestros ojos ven en distinta dirección, y aunque vieran en la misma, alguno de los dos usaría lentes 3D, o algún filtro digital. Somos tan distintos.

Hemos sido tantas cosas, y siempre nos aferramos a la que más nos gusta, pero al final, en este caminar, ya no somos los mismos. Nos guste o no, reinventarnos es tarea diaria.

Somos otros, manejando una vieja versión de nuestro amor.

Mi agridulce amor, quizá ha llegado la hora de aceptarnos, y seguir el andar de la verdad.

Mi amor irá contigo, en cada álbum de mi memoria. Mi amor irá contigo, a la eternidad.

Por lo tanto, vaciaré la cartera para pagar el precio de volver a sentir.

Una familia.

He visto familias desintegrarse por cosas absurdas como el dinero. He visto familias que le tienden la mano a un desconocido, y le ponen el pie a sus propios integrantes. He visto familias desamparar a los suyos. He visto familias que rechazan y le quitan el apoyo a su propia sangre porque no cumplen con sus expectativas o no pueden aceptarlos como son. He visto familias que son solo grupos de personas que viven guardando la compostura, aparentando, fingiendo. He visto familias que se separan y no vuelven a dirigirse la palabra. He visto familias hacerse pedazos por nada.

Es cierto que venimos al mundo y no elegimos en donde y con quien. Sin embargo, nos han metido una idea desde el momento de nuestra concepción, una sola idea en base a la cual comenzará a girar toda nuestra vida… La familia. Algunos hemos tenido suerte, y algunos otros, no tanta. A pesar del grupo de personas con el que nos ha tocado convivir durante años, hay una cosa que no nos han dicho nunca; en esta vida, también podemos elegir.
Una mamá, un papá, un hermano… Tantas etiquetas para la gente que nos rodea, pero el hecho de que los llamemos así, no implica muchas cosas. El amor, el respeto, la confianza, el cariño, y todas esas cosas valiosas y sagradas, no son exclusivas de tu grupo familiar biológico. La etiqueta no significa que van a amarte. Hay madres que dejan a sus hijos en el bote de basura, hay padres que han violado a sus propios hijos, hay hermanos que han asesinado a sus padres y hermanos, entre tantos casos más de diversos tipos.

Todas las cosas valiosas, se ganan. Y todas las cosas valiosas, pueden provenir de cualquier parte. Así como he visto familias caer, he visto familias formarse. Y mi conclusión ha sido, que la familia no es amor, pero el amor, hace a la familia. No importa donde, no importa quién, si abres tu mente, te puedes sorprender.

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Fragmento.

No hay camino correcto, siempre camino sin buscar pero encontrando. Un día a la vez, un minuto, un segundo, un instante, es todo lo que tengo. Decidir en cada momento, no por ayer, no por mañana, por hoy. Preguntarme en una medida de tiempo inexistente, ¿qué es lo último que quieren ver mis ojos? Y si al siguiente tic, tac me voy de está vida, entonces tal vez, me transformaré en lo que sentí… Y dejaré un hermoso recuerdo, que con suerte, o con amor, alguien lo seguirá latiendo, y volveré a existir, ahí.

CON amor.

Hoy mientras me permitía existir desde todas las múltiples perspectivas que he recolectado, me encontré amando; sí, desde un montón de definiciones ajenas y propias, puedo decir con seguridad, que he amado.
El amor, que cosa tan subjetiva, y sin embargo, todos vamos por ahí intentando definirlo. Podría concluir aquí mismo y atreverme a decir, que el amor, no tiene definición, pues como ya dije, es tan subjetivo como el ser mismo. Sin embargo, aventurándome un poco más, les regalaré mi perspectiva.

El amor, no tiene nada que ver con las mariposas en el estómago y toda la ola de emociones que nos vuelven un poco más locos; si quieres emociones fuertes, aviéntate en paracaídas o yo qué sé, actualmente hay muchas opciones que son EMOCIONANTES y que no tienen nada que ver con el amor. No te engañes, el amor no está en las primeras veces, ni aparece de pronto como un regalo, envuelto con un moño y llevando una tarjeta con tu nombre.
El amor no tiene nada que ver con esas películas y novelas en donde se aman a los tres días, no tiene nada que ver con un beso eterno o alguna escena de sexo apasionado. El amor, no tiene un final feliz.
No, el amor no es todo lo que suena bonito y romántico.
Tampoco viene hecho a la medida, no tienes que buscar desesperadamente a “a tu media naranja” porque todos estamos completos. El amor, no es algo que se le deja al destino, porque no, no es cuestión de tiempo. Y no, no existe el elegido; no trates de esperar al amor de tu vida o de encontrar el amor a primera vista, porque me atrevo a decirte, que no existe tal cosa.

El amor se construye.
Y aún construido, se alimenta y se reinventa. El amor toma muchas formas. Es lo más simple y lo más grande. Amar al otro es permitirle ser lo que es en todo su esplendor. Amar, es el deseo profundo de bienestar por el otro. Amar, es ser feliz por el otro.

Sin embargo, para relacionarse, el amor no lo es todo.
He aprendido que para funcionar con alguien, deben haber tres cosas más; la confianza, el compromiso y el deseo de compartir lo que se es con lo que el otro es.
Así, uno deja de hacer las cosas POR amor, y comienza a hacerlas CON amor, y eso, para mí, es AMAR.

“El amor es una bellísima flor, pero hay que tener el coraje de ir a buscarla al borde de un precipicio.” -Stendhal-

Una perspectiva con mucho de ti…

Una delgada línea (entre eso y aquello).

DISTINGUIR, una cosa de la otra, quizá sea la tarea más difícil que nunca hemos de aprender.
Las señales de la vida son confusas. ¿Vemos lo que queremos o queremos lo que vemos?

Somos seres sociales. ¿Se puede permanecer en soledad realmente o es solo una ilusión, una trampa, un desliz, un instante ausente de ellos?

Quizá la compañía está sobrevalorada. Quizá deberíamos darle un valor más alto a nuestra soledad. Quizá entonces haríamos mejores elecciones.

Hemos temido a la soledad y sin embargo creamos mecanismos de defensa para retenerla.
Hemos huido de la soledad, solo para fastidiarnos de los que más amamos.
Hemos pretendido que podemos engañar a la soledad, y en cambio ella nos deja conocer el verdadero valor de un momento.

Cuando más solos creemos estar, más rodeados de fantasmas estamos.
De nuevo, distinguir se hace una tarea difícil. Y mientras intentamos darnos cuenta de lo que realmente es, seguiremos huyendo de algunas compañías y arrastrando a otras a nuestra soledad.

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