Una familia.

He visto familias desintegrarse por cosas absurdas como el dinero. He visto familias que le tienden la mano a un desconocido, y le ponen el pie a sus propios integrantes. He visto familias desamparar a los suyos. He visto familias que rechazan y le quitan el apoyo a su propia sangre porque no cumplen con sus expectativas o no pueden aceptarlos como son. He visto familias que son solo grupos de personas que viven guardando la compostura, aparentando, fingiendo. He visto familias que se separan y no vuelven a dirigirse la palabra. He visto familias hacerse pedazos por nada.

Es cierto que venimos al mundo y no elegimos en donde y con quien. Sin embargo, nos han metido una idea desde el momento de nuestra concepción, una sola idea en base a la cual comenzará a girar toda nuestra vida… La familia. Algunos hemos tenido suerte, y algunos otros, no tanta. A pesar del grupo de personas con el que nos ha tocado convivir durante años, hay una cosa que no nos han dicho nunca; en esta vida, también podemos elegir.
Una mamá, un papá, un hermano… Tantas etiquetas para la gente que nos rodea, pero el hecho de que los llamemos así, no implica muchas cosas. El amor, el respeto, la confianza, el cariño, y todas esas cosas valiosas y sagradas, no son exclusivas de tu grupo familiar biológico. La etiqueta no significa que van a amarte. Hay madres que dejan a sus hijos en el bote de basura, hay padres que han violado a sus propios hijos, hay hermanos que han asesinado a sus padres y hermanos, entre tantos casos más de diversos tipos.

Todas las cosas valiosas, se ganan. Y todas las cosas valiosas, pueden provenir de cualquier parte. Así como he visto familias caer, he visto familias formarse. Y mi conclusión ha sido, que la familia no es amor, pero el amor, hace a la familia. No importa donde, no importa quién, si abres tu mente, te puedes sorprender.

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