Completando(nos).

Uno
Dos
Tres
Cuatro y te voy a robar
Cinco
Seis
Siete besos en toda tu sonrisa
Ocho
Nueve
Diez
Ven por estas ganas acumuladas
Nueve
Ocho
Siete veces en aquellas lunas y la sombra
Seis
Cinco
Cuatro
Quédate conmigo para siempre
Tres
Dos
Yo 💛

01:39, 09:02, 09:38
10:06:
te amo
te amo, adios
(tic tac)
mi cohete, tu luna
(música)
te extraño

Romanticismo crónico.

Yo no quiero un amor para siempre, esos duran muy poco. Mejor uno o varios de esos romances etéreos que se pueden convertir en tinta y papel, en inspiración, en historias que van a volver a contarse. Esos romances que siempre tienen vida, porque viven en cada boca que lo cuenta, porque viven en acciones que fueron inspiradas en ellos, porque viven entre hojas, entre letras, entre tinta y sueños.

No, yo no quiero un amor para siempre. Inventamos el “siempre” y lo “eterno” para poder tener fe. Fe en el amor, fe en dios, fe en todo lo que tarde o temprano se nos escapa. Y es que “siempre” solo esta bien aplicado cuando decimos que nada es para siempre. Pero los enamorados se aferran a un “siempre” como si pudieran desafiar la vida misma.

Y es que cuando uno esta enamorado dice las cosas más bonitas, pero también las más inciertas, y a veces, las más irreales. Las primeras veces uno realmente se lo cree, luego viene la irremediable bofetada de realidad, y dejamos de creer. Algunos no se recuperan, algunos se ajustan, y algunos, un buen día entendemos que ser románticos, es inherente a nuestro ser, e independiente de otro sujeto.

Entonces algunos seguirán su camino en soledad, mientras otros irán juntos de la mano, atrás, adelante o al lado, cómoda o soportablemente pero juntos. Y algunos, seguiremos simplemente siendo irremediablemente románticos, solos o no, pero románticos. Ya sin buscar al gran amor de nuestra vida, ya sin buscar un amor eterno, ya sin buscar, pero viviendo con la ironía del SIEMPRE románticos.

Así que no, ya no quiero un amor para siempre, sin embargo, seguiré escribiendo historias donde el amor esté presente. Porque el amor, en sus infinitas maneras, me toca. Y cuando me toca, soy del romance. Y el romántico tiene derecho a decir cualquier estupidez solo porque se trata de amor; y el amor… El amor inspira.

  

Cartas a nadie: Carta I.

Amor, mi querido amor. 

Mi amor de antes.

Hace tiempo que nada entre tú y yo parece suficiente.

Hace un tiempo, que nuestro amor pasó de ser hoguera a ser témpano.

Siento frío. 

Encuentro cobijo y café caliente en otro sofá.

Más no, no hay otro amor además del tuyo.

Hago malabares con tus ojos y tus labios,

Guardo la humedad que me provocas cuando te acercas con las manos desnudas.

Te soy fiel, no lo hago por compromiso, sino por gusto.

Sin embargo, tu deshielo me alcanza y me siento como en medio de un aguacero a mitad de la noche atravesando la calle.

Amor mío; aunque quizá ya no eres tan mío, tal vez me lo repito para seguir sosteniendo esta historia.

La historia de los dos, juntos, separados, amándonos y detestándonos.

Mis noches me cuentan secretos, sueños que se sienten reales…

Y eso es lo que más quiero… sentir. 

Por eso me voy a la cama sin ti, por eso me desvelo entre fantasías y sudores que no provienen de tu piel.

A veces quisiera dejar intacto este amor; contemplarlo detrás de un aparador.

Tú me has enseñado a sentir, y por eso te amé.

Construimos y destruimos. Pero hay piezas que ya no encajan. 

Cosas irrecuperables, como cuando la aspiradora se ha llevado una pieza del rompecabezas y te das cuenta 1 semana después; cuando ya ha pasado el camión de la basura.

Hay tanta belleza en nuestra inexperiencia con el amor;

y al parecer, toda la experiencia adquirida, lleva una etiqueta con precio más iva.

Trato de suavizar mis palabras para que no te golpeen, a veces quisiera poder disolverlas en un té de menta para dártelo a sorbos, pequeños y dulces. Ojalá no fuera tan brusca, ojalá pudiera ser suave.

Tengo mi bolsillo izquierdo lleno de intentos, 

y al derecho lo he descosturado para poner ahí todo tu desdén; 

quizá pensando que pueda escaparse sin acumularse, sin llegar al fondo.

Nos hemos auto medicado con tiempo y espacio, sin pensar en la sobredosis; ¿ves aquel abismo? Lo hemos formado con nuestros pasos. Estos pasos, algunos firmes, algunos titubeantes, pero de los dos.

Aun así, te arrastro por las calles, conmigo, aunque no estés, aunque no me des nada. 

Te hago un hueco dentro de mis pensamientos porque quisiera poder compartírtelo todo, y sin embargo, no puedo compartirte mi realidad… Ni en una carta, ni en mil, podrías entender mis dimensiones, y mira que mis letras son lo más cercano a mi corazón honesto.

Nuestros ojos ven en distinta dirección, y aunque vieran en la misma, alguno de los dos usaría lentes 3D, o algún filtro digital. Somos tan distintos.

Hemos sido tantas cosas, y siempre nos aferramos a la que más nos gusta, pero al final, en este caminar, ya no somos los mismos. Nos guste o no, reinventarnos es tarea diaria.

Somos otros, manejando una vieja versión de nuestro amor.

Mi agridulce amor, quizá ha llegado la hora de aceptarnos, y seguir el andar de la verdad.

Mi amor irá contigo, en cada álbum de mi memoria. Mi amor irá contigo, a la eternidad.

Por lo tanto, vaciaré la cartera para pagar el precio de volver a sentir.