Agrio y dulce, y a volar.

Hoy decidí que voy a dejarnos.
Es hora de liberarte de mis ataduras.
Es hora de liberarme de ti, de tu recuerdo, de mis esperanzas.

No puedo decir que te dejo ir,
porque hace tiempo que tú te fuiste.
Más bien, me dejo ir.
Me voy de donde me dejaste,
de donde me quedé, abrazándote.

Hoy dejo a tu fantasma
y a todas las historias que me cuenta
y que no me han dejado volver a soñar.

Hoy me voy,
para poder sentir otra vez el aire en la cara,
sin pensar en tus manos.
Me voy para no verte cada vez que cierro los ojos.
Me voy porque no vaya a ser
que vuelva a susurrar tu nombre,
y tú vuelvas a escucharme,
Y entonces te asomes.

Me voy de ti,
aunque tú me hayas dejado primero.
Me voy de mí sin ti,
para volver a sonreír,
para dejar que otra o qué cualquier cosa,
puedan hacer latir mi corazón
sin esta arritmia que tú marcaste.

Hoy dejo el silencio de este lugar
que un día fue nuestro.
Se quedan nuestras sombras,
y los besos y las canciones.
Se quedan las noches de abril.

Hoy por fin,
yo también me voy,
mi amor,
dejo de ser tu carga,
dejas de ser mi amor, amor.
Y este poema agrio y dulce,
A volar,
que si un día lo encuentras,
déjalo también en aquel lugar,
a un lado de tu olvido.

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Cartas a nadie: Carta I.

Amor, mi querido amor. 

Mi amor de antes.

Hace tiempo que nada entre tú y yo parece suficiente.

Hace un tiempo, que nuestro amor pasó de ser hoguera a ser témpano.

Siento frío. 

Encuentro cobijo y café caliente en otro sofá.

Más no, no hay otro amor además del tuyo.

Hago malabares con tus ojos y tus labios,

Guardo la humedad que me provocas cuando te acercas con las manos desnudas.

Te soy fiel, no lo hago por compromiso, sino por gusto.

Sin embargo, tu deshielo me alcanza y me siento como en medio de un aguacero a mitad de la noche atravesando la calle.

Amor mío; aunque quizá ya no eres tan mío, tal vez me lo repito para seguir sosteniendo esta historia.

La historia de los dos, juntos, separados, amándonos y detestándonos.

Mis noches me cuentan secretos, sueños que se sienten reales…

Y eso es lo que más quiero… sentir. 

Por eso me voy a la cama sin ti, por eso me desvelo entre fantasías y sudores que no provienen de tu piel.

A veces quisiera dejar intacto este amor; contemplarlo detrás de un aparador.

Tú me has enseñado a sentir, y por eso te amé.

Construimos y destruimos. Pero hay piezas que ya no encajan. 

Cosas irrecuperables, como cuando la aspiradora se ha llevado una pieza del rompecabezas y te das cuenta 1 semana después; cuando ya ha pasado el camión de la basura.

Hay tanta belleza en nuestra inexperiencia con el amor;

y al parecer, toda la experiencia adquirida, lleva una etiqueta con precio más iva.

Trato de suavizar mis palabras para que no te golpeen, a veces quisiera poder disolverlas en un té de menta para dártelo a sorbos, pequeños y dulces. Ojalá no fuera tan brusca, ojalá pudiera ser suave.

Tengo mi bolsillo izquierdo lleno de intentos, 

y al derecho lo he descosturado para poner ahí todo tu desdén; 

quizá pensando que pueda escaparse sin acumularse, sin llegar al fondo.

Nos hemos auto medicado con tiempo y espacio, sin pensar en la sobredosis; ¿ves aquel abismo? Lo hemos formado con nuestros pasos. Estos pasos, algunos firmes, algunos titubeantes, pero de los dos.

Aun así, te arrastro por las calles, conmigo, aunque no estés, aunque no me des nada. 

Te hago un hueco dentro de mis pensamientos porque quisiera poder compartírtelo todo, y sin embargo, no puedo compartirte mi realidad… Ni en una carta, ni en mil, podrías entender mis dimensiones, y mira que mis letras son lo más cercano a mi corazón honesto.

Nuestros ojos ven en distinta dirección, y aunque vieran en la misma, alguno de los dos usaría lentes 3D, o algún filtro digital. Somos tan distintos.

Hemos sido tantas cosas, y siempre nos aferramos a la que más nos gusta, pero al final, en este caminar, ya no somos los mismos. Nos guste o no, reinventarnos es tarea diaria.

Somos otros, manejando una vieja versión de nuestro amor.

Mi agridulce amor, quizá ha llegado la hora de aceptarnos, y seguir el andar de la verdad.

Mi amor irá contigo, en cada álbum de mi memoria. Mi amor irá contigo, a la eternidad.

Por lo tanto, vaciaré la cartera para pagar el precio de volver a sentir.