Una delgada línea (entre eso y aquello).

DISTINGUIR, una cosa de la otra, quizá sea la tarea más difícil que nunca hemos de aprender.
Las señales de la vida son confusas. ¿Vemos lo que queremos o queremos lo que vemos?

Somos seres sociales. ¿Se puede permanecer en soledad realmente o es solo una ilusión, una trampa, un desliz, un instante ausente de ellos?

Quizá la compañía está sobrevalorada. Quizá deberíamos darle un valor más alto a nuestra soledad. Quizá entonces haríamos mejores elecciones.

Hemos temido a la soledad y sin embargo creamos mecanismos de defensa para retenerla.
Hemos huido de la soledad, solo para fastidiarnos de los que más amamos.
Hemos pretendido que podemos engañar a la soledad, y en cambio ella nos deja conocer el verdadero valor de un momento.

Cuando más solos creemos estar, más rodeados de fantasmas estamos.
De nuevo, distinguir se hace una tarea difícil. Y mientras intentamos darnos cuenta de lo que realmente es, seguiremos huyendo de algunas compañías y arrastrando a otras a nuestra soledad.

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