(Un) momento.

Medimos el tiempo como si fuéramos a guardarlo en alguna parte.
Lo contamos como si fuera nuestro. Incluso lo despilfarramos, como si fuera abundante.
Y la verdad es que el tiempo es sólo la vida consumiendonos.
Nos concede un momento y nos lo arrebata en el mismo instante.
Nos pone sobre una cuerda y nos regala el don y la desgracia de elegir,
como una daga de doble filo, hacemos la elección mientras poseemos relojes que nos absorben.
Pretendemos adueñarnos de cada tic tac, pero cuando algunos relojes dejan de sonar,
no hay batería que los repare.

 

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Conversando con mi sombra.

yoyyo

Hoy me encontré a mi sombra. Lucía un poco más oscura y profunda.
Me senté a su lado y la observe.
Ella me pregunto porque la veía de esa manera, y yo le dije que la miraba así
porque debía encontrar las palabras. Le dije: tenemos que hablar.
A lo que respondió: pero tú no sabes hablar.
Y tenía razón; entonces le escribí…

“Tienes el color del desencanto y la profundidad del desamor.
Levanta esa mirada y devuélvemela; allá no hay nada que entender.
Ya no hagas preguntas que no tienen respuesta, date cuenta que no tiene
sentido cuestionar lo invisible. Deja de contar los tic-tac y aprende a vivir
con esa idea que te atormenta. A fin de cuentas; solamente ha sido eso, una idea.
Atrapa el momento y vuelve a hacerlo tuyo. Regresa a mí; despójate de una vez
de aquellas manos; de sus labios. Abandona ya sus palabras y su voz.
Arrancala de tus ojos y devuélvemelos, que tenemos tanto que mirar.
Vuelve a respirar y dame aire, déjala ir en un último suspiro y quédate aquí conmigo.
Regresa, liberanos ya de su recuerdo.”

Después de leerme, mi sombra arrugo el papel y me miró fijamente.
Me dijo: Esa petición es absurda. No se pide lo que no puedes dar.
No podría irme de ella mientras tu sigas fabricando sueños con su sonrisa.
Deja de soñar y entonces yo volveré a ser tuya.

Me quede sin palabras y sin letras, y entonces me dí cuenta;
sin lugar a mi petición y a la suya, ya estábamos muertas…
muertas de amor.

Confesiones de un asesino.

assa

No importa lo que tenga que hacer,
voy a asesinarte de mí.
Voy a arrancarte de mis ojos
y te expulsaré de mi mundo.

Hoy no existirás más, haré lo necesario,
ya lo tengo todo preparado.
No más canciones, no más sueños.
No más versos ni más besos al aire.

Voy a matarte lentamente,
luego me iré como quien nunca te miró.
Te quitaré mis recuerdos, te quitaré mis desvelos.
Te quitaré todo, incluso la vida por si a caso.

No me importan las consecuencias,
esta noche ya no tendrás nombre, ni letras.
Hoy te sacaré de mí,
te exhalo y ya no existes.

Te borraré de todas las formas posibles
y no te debo una explicación
porque para esta noche ya habrás muerto.

Después de todo tuviste siempre más suerte que yo,
pues a ti voy a matarte y a eliminarte de mí,
pero yo morí de amor, de tu amor,
ese que ha sido sin ser, y por el que ahora yo te mato.

Muere mi amor,
quiero contemplarte sin aire.
Muere y liberame de la muerte misma.
Así como yo morí por tus manos, muere hoy en las mías.
Si en alguna vida te vuelvo a encontrar, muere otra vez,
pero si hay próxima, muere de amor, como he muerto yo.

(Lo ves, ya te he matado, sin evidencia. Hasta tu sonrisa he borrado de mi crimen.
Hoy ya no estas, te has muerto. Nunca más pasarás por aquí, nunca más moriré por ti.)

Un poema, un Domingo y un recuerdo.

10524455_10152228638412102_2012142973_nCorazón Coraza.

Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza.

Porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro.

Porque tú siempre existes donde quiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque la noche pase y yo te tenga y no.

Mario Benedetti