Volviendo al origen.

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Niños, y mi poca paciencia. Sin embargo los observo, y me gusta hacerlo porque sé que encuentro en ellos cosas que todavía existen en mí, cosas perdidas e invaluables. Cosas encajonadas que se revelan desde mi interior, y vuelven.

Los veo inventar historias, creer que tienen poderes, romper reglas impuestas por nosotros, y respetar reglas imaginarias entre ellos. Juegan con detalles que hacen de sus minutos pura magia.

Se pierden viviendo vidas que parecen cuentos. Se pierden en mundos alternos, maravillados en sus fantasías, absorbiendo y aprovechando cada cosa que tienen a su alcance para transformarlo en lo que más desean.
Perdidos, los regresan a esta realidad con un grito de mamá o papá. Indignados aquellos seres que los reclaman y les piden: no te alejes, no te pierdas.
Y ellos, que ya no recuerdan como era dejarse ser en aquellas fantasías sublimes que sus pensamientos eran capaces de inventar, con cualquier pretexto y con cualquier simple apreciación de un instante nuevo. Aquella destreza de dejarse sorprender por su propia imaginación.

Ser un rey, ser una reina, ser un animal, ser aire, ser mago, ser un ser único e irrepetible, ser lo que uno quiera porque quiere y puede creerlo. Pensar y convertirse en magia. Transformarlo todo con esos ojos poderosos llenos de posibilidades.
Dejar ser lo más profundo de tu alma, convertirlo en destello y en juego, aquel que se va quedando olvidado con el paso de los años, enterrado, poco valorado, burlado e incluso perdonado por tus padres, como si ellos nunca se hubiesen perdido, como si ellos nunca se hubiesen alejado…
Pero un día, todos vuelven al origen de sus adentros.
Un día, todos se ven reflejados en aquellos ojos otra vez…
Ser niño, ser todo. Ser lo que uno es, y nada más.

(Volver a mirar con aquellos ojos; por eso los observo… por eso me observo… para volver…)

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06:29 am.

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Préstame tus manos, les quiero mostrar un mundo nuevo.
Deja que mi piel te cuente lo que yo no he sabido explicarte.
Deberías verte con mis ojos para saber porque te quiero tanto.
Hay palabras que te dejan saber, pero hay miradas que te dejan entender.

Te invito a sacarme de tus sueños. Atrévete a vivirme.
Inhálame y exhálame, déjame estar dentro de ti y devuélveme a esta vida.
Deja el estado sólido para ser líquido y finalmente déjate ser vapor, entonces lluéveme.
Recorre mis caminos, piérdete y encuéntrate en ellos, 
una vez, dos veces y mil veces también.

Revíveme en cada instante donde no estoy y deja escapar a tu sonrisa.
No importa si estás con alguien, si volteas hacia el otro lado, 
ahí estarán mis labios para besarte como a nadie.

Hay cosas que no se pueden dejar de mirar, 
cosas de un instante que se vuelven infinitas a través de mis pupilas;
así como un amanecer, así como un atardecer,
así como tus ojos, así como tu existir, así, justo así;
porque existir en un mundo donde tú existes, es simplemente divino.

Búscame, que yo te encuentro…

Secuelas de otra vida.

Tengo tantas ganas de abrazarte, que te abrazo en el viento y en la lluvia.
Mi mente te busca mientras mi corazón palpita tu nombre,
y mi alma te alcanza hasta el borde de tu almohada,

El solo hecho de pensar en tu sonrisa que es como un sol,
me ilumina y me calma. Me renueva y me funde.
Tan solo pensarme entre tus brazos, me quita el frío
y me conecta al mismo centro del universo.

Que rareza es quererte como te quiero, 
que hermoso es encontrarte como te encuentro.
Estas en mis todas partes, y de todos modos te busco.
Te acaricio la voz, te miro sin que estés y te saboreo en palabras.

Apareces aquí, te desvaneces allá.
Mis manos viajan en pensamientos, se conectan a las tuyas.
Tú como una extensión de mi, yo como una extensión tuya,
nos pertenecemos sin siquiera poseernos.

¿Será porque alguna vez te amé Catalina?
De vidas, de amores, de almas, de nuestro.

La historia de la pipa de gas.

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Hay cosas de las que uno se viene a enterar tanto tiempo después, que pareciera que no tiene caso, pero en realidad, a veces tiene más sentido que el que hubiese tenido años atrás.

Mi abuelo era un hombre sencillo y el más consentidor abuelo que alguien puede tener. A él le gustaba llenar su oficina con detalles muy particulares y característicos de él. Llenaba sus libreros con enciclopedias y libros de política, también tenía unos libros inmensos con mapas y fotos de todo el mundo; yo los tomaba de vez en cuando para mirarlos una y otra vez. Ese olor tan especial que desprendían sus libros, aún lo busco entre mis libros, los acaricio y los hojeo como si a caso fuera a brotar de pronto aquel aroma que me reconfortaba y me llenaba de seguridad.
Toda la oficina y cada cosa en ella, gozaban de ese olor tan propio de mi abuelo, su perfume fresco y elegante. Le gustaba coleccionar gorras y sombreros, los colocaba por todos lados, algunos colgados, algunos estratégicamente acomodados en los estantes, en su mesa y en el sofá. A la vista dejaba todos sus reconocimientos, pero sobre todo sus caballos y los coches, preciosos tesoros que yo convertí en juguetes cientos de veces. Él lo permitía, y me llevaba a los pasillos a jugar con sus coches a control remoto, aunque le preocupaba un poco que pudiera dañarlos, él me guiaba para poder usarlos, y era feliz, él, y yo mucho más. Aunque para ser sincera, yo soñaba con poner rampas y casi hacerlos volar en pedazos, sin embargo, hubiera dado cualquier cosa por quedarme con alguno y conservarlo toda mi vida.

Mi abuelo, el hombre más especial de mi universo, con los años perdió la noción del tiempo y poco a poco su memoria le fallo. La vida no ha sido la misma, y tampoco ha sido fácil existir sin ese hombre que me regalaba tanto de sus días, sin embargo, aún sin muchas acciones y con sus escasas palabras, aún lo abrazo y puedo sentir que sigue ahí para mí. Aún de vez en cuando noto cierto destello en sus ojos que me deja saber que puede sentir cuanto se le ama en esta tierra. Aún hoy, de pronto me sorprende, como aquella tarde que me dijo: te quiero.
La verdad es que es muy agradable poder tenerlo y escucharlo demostrar afecto, pero aún cuando no lo puede expresar todo el tiempo, nunca me ha hecho falta, porque él siempre ha estado ahí, de mil y un formas presente, mostrando y dando todo su amor, incluso sin palabras.

Esta tarde, entre anécdota y anécdota, me revelaron un pequeño secreto. Mi abuelo alguna vez hace muchos años encargo a uno de mis tíos que vive en la frontera, una pipa; sí, una pipa de “gas” a control remoto. Planeaba hacerle algunos arreglos; quería pintarla y ponerle el nombre de su empresa. Cuenta mi tía que la buscaron mucho tiempo, y cuando la encontraron él ya había perdido lucidez, así que ya no se la pudieron enviar, sin embargo, ella lo recuerda bien, y lo contó como si se le hubiera quedado sin tachar en la lista de pendientes.

A veces podemos pasar años desconociendo ciertas cosas, ciertos detalles, minuciosidades y curiosidades que los demás guardan, a veces creyendo que se vuelven pequeñeces y que comienzan a carecer de sentido. Lo cierto es que la vida tiene su magia, y un día, lo que parece ya no importar, cobra toda clase de sentido, y entonces la vida una vez más te sorprende, justo así como aún hoy mi abuelo lo hace conmigo.
Aquella pipa del encargo, era un regalo de él, para mí… valioso tesoro hubiera sido, y valioso tesoro será. Me encargaré de aquel pendiente, de aquel secreto; no pondré rampas, ni la volaré en pedazos, lo prometo. Así como aquellas tardes en las que jugábamos, así contemplaremos juntos aquel regalo que tu querías hacerme. Ahora será de los dos, será algo nuestro.

 

[En memoria de aquellas tardes de juegos que mi abuelo ya no puede recordar, pero que siempre llevará y llevaré en lo más profundo de mi alma y de mi corazón. Fernando Cordero, eres el abuelo eternamente más genial del mundo, gracias por todo, gracias por estar; TE AMO.]

Existe.

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¿Te has sentido viviendo?
De pronto vivir se convierte en algo que pasamos desapercibido, como todo aquello a lo que te acostumbras. Vivir se convierte en rutina, y el existir en una continua monotonía.

¿Te has sentido vivir? Una noche cualquiera en tu cama puedes sentirlo, en el silencio y en la oscuridad, estas ahí existiendo, tan monótonamente y súbitamente te sientes vivo, escuchando el latido de tu corazón. Lo sientes, lo respiras, lo vives y de pronto eres consciente de que estas ahí en ese cuerpo, en esa vida, latiendo, respirando y pensando. Te transformas en un ser excepcional y maravillado de tu mundo. Pum, pum, pum, en una continuidad tan precisa como dispareja.

¿Te has sentido vivo? En un pestañeo existes, en cientos solo estas ahí. Vivir y saberlo, es una noche cualquiera en la que escuchas lo que viene desde tu interior. Vivir y sentirlo, son instantes, segundos y un poco de lucidez ocasional. Vivir, existir y sentir con todo tu ser es entregarte a un abrazo, es extasiarse en una caricia, es perderse en un beso. Existes en esos segundos en los que haces consciente tu universo, contemplando un amanecer, sintiendo el aroma de una flor, acariciando la piel amada, saboreando el café, escuchando una vieja melodía.

¿Te has sentido existiendo? Ahí inmóvil ante ti, con la sorpresa momentánea de lo que eres. Vives como se vive la mayoría del tiempo, sin saber vivir, y sólo un instante te revela que estas viviendo. Tus manos, tus pies, tus labios, todo ha sido tan útil, y sin embargo solo están ahí, sirviendo.

En un insomnio uno bien puede darse cuenta de todo esto, no hay muchos distractores una vez que apagas la luz, y entonces el no dormir se convierte en la certeza de que estas latiendo. ¿Te has sentido ahí? ¿Te has sentido así? ¿O es que a caso todavía existes sin saberlo?

De sabanas grises y otro adiós.

Entre sabanas grises y aquel edredón blanco lleno de flores, una noche ya con las luces apagadas, ella me confeso que con los cambios que se aproximaban, le mortificaba un solo pensamiento; perderme.

Han pasado casi 4 años desde aquella vez que yo le dije, que el mundo podía girar, que todo tenía que cambiar, pero que mi amor seguiría siempre intacto. Y el mundo giro, las cosas cambiaron, yo me fui, ella siguió, algunas noches me quedo durmiendo con la luz encendida. El edredón blanco ya no me quita el frío, y las sabanas grises no están completas, ahora uso fundas de almohada de todos colores, y ella usa las fundas grises incompletas.

Yo nunca supe decir adiós, y muchas veces cuando visitaba a mis abuelos, los saludaba con mucho entusiasmo pero cuando debía despedirme, prefería escabullirme, igual que en las fiestas, igual que cuando iba de viaje, igual que cuando debía terminar una relación. Yo nunca supe decir adiós… Un día me fui, y de poco en poco, a ella le dije adiós. Nos fuimos soltando, nos fuimos alejando, y un día entendí, que yo había dicho adiós en mil maneras, de mil formas, posiblemente sin pensarlo, me desprendí.

Ya hace casi un año que duermo en soledad, y recuerdo cuantas veces le dije que no había nada como dormir sin compañía. Ella refunfuñaba y me decía que a su gusto, no había nada como dormir con alguien, especialmente conmigo. Entonces hicimos un trato, yo la abrazaría mientras ella se quedaba dormida y el resto de la noche, ella no cruzaría a mi lado de la cama. Y sí, yo dormía cómodamente, pero ella nunca supo cuantas veces la observe dormir desde el otro lado, cuantas veces cuando me acostaba más tarde, deseaba su cercanía, pero ya no me atrevía a molestarla. Cuantas veces le dí un beso en la frente, y cuantas veces en ese preciso instante, también dudaba.

Anoche la imagine en mi cama, con su pantalón de pijama rallado y mi sudadera verde que usaba para poder dormir en aquella habitación que yo programaba a 20 grados. Me recosté, y todo estaba ahí, las sabanas completas, el edredón cumpliendo su papel, sus ojos asueñados queriendo cruzar la línea para posarse sobre mi almohada y mi amor, intacto, fuerte y seguro venciendo todo su temor. Todo estaba ahí por un instante, y comprendí que debía llorarle; expulsar en cada lagrima nuestro dolor, nuestra ausencia, nuestro fin, y todo lo que fue nuestro.
Una vez más supe que yo no sabía decir adiós, y que la vida me lo iba enseñando muy lentamente.

Hoy se que debo volver a decirte adiós, y no en voz alta, no en un mensaje, no en el teléfono, ni siquiera de frente. Hoy debo volver a decirte adiós, una vez, y otra vez y todas las veces que sean necesarias, desde mi corazón, desde mi almohada y en lo más profundo de mi ser, debo desprenderme una y otra vez de ti, de mi buen amor.
Hoy y después de tanto, tus temores fallaron, porque me fui pero no me perdiste. Hoy, después de tanto, me fui, pero mi amor se quedo intacto. Y ya vez, el mundo sigue girando y las cosas siguen cambiando, pero hay amores que se vuelven historias, hay miedos que nunca se vencen, hay sentimientos que no cambian, hay sabanas que se quedan incompletas y hay un adiós que siempre debe repetirse…