Ser feliz, y también los Lunes. (Tao Te Ching)

“Alguien oye un rumor de que un bosque cercano hay un sabio taoísta que vive solo y siempre feliz, todos y cada uno de los días de la semana. De hecho, se dice que está sereno. De modo que algunos buscadores van a buscarlo y, tras una diligente búsqueda, lo encuentran: casualmente un Lunes. Está cortando leña, cantando para sí, irradiando serenidad en todas direcciones como una lámpara incandescente.

– ¿Tendría la bondad de revelarnos el secreto de su serenidad? ¿Cómo se las arregla para ser tan feliz, incluso un Lunes? – preguntan los buscadores.
El sabio se compadece de ellos. Deja el hacha, termina la canción y les dirige su serena mirada.
– Sí, os revelaré el secreto – dice -. Procede del poder del Tao… Pero primero, antes que yo lo haga, os ruego que me expliquen una cosa, pues no acabo de comprender vuestra pregunta.
Al oír esto, los buscadores se entusiasman pero también se desconciertan. Desde luego están encantados con la perspectiva de aprender algo sobre el poder del Tao, pero también los desconcierta que el sabio les haya pedido más explicaciones. Al fin y al cabo, él es su mentor, mientras que ellos ahora son sus discípulos. 
– ¿Qué podemos explicarle? – preguntan.
– Solo una cosa – contesta el sabio -. ¿Qué es un Lunes?

En cuanto el sabio formula la pregunta, los buscadores ven la luz de inmediato. Al principio se desternillan, pues se dan cuenta de que el sabio es feliz precisamente porque, igual que un niño, ni siquiera sabe cuáles son los días de la semana. Entonces los invade un inmenso alivio, pues se dan cuenta de que también ellos pueden quitarse de encima tan pesada carga, la ardua tarea de tallar el bloque de la vida en formas extrañas con nombres desdichados.”

[Lou Marinoff, “El poder del Tao”]

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Yuri Zhivago escribió:

“A propósito de los sueños. Se suele creer que por la noche se sueña
habitualmente en lo que nos ha causado mayor impresión durante el día,
en estado de vigilia. Mis observaciones me demuestran lo contrario.

Más de una vez he notado que aquellas cosas
en las que uno apenas se ha fijado durante el día,
las ideas que no quedaron claras, las palabras dichas sin pensar
y a las que no se presta atención, vuelven de noche en imágenes concretas y vivas
y se hacen objeto de sueños para resarcirse de haber sido descuidadas.”

[Boris Pasternak, “El doctor Zhivago”]

Pedacitos del Tao, Capitulo 16.

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“Los poetas son quienes más se aproximan a hacer magia con las palabras, y aun así sus imágenes sólo son dedos que apuntan hacia la luna. El significado de un poema también reside más allá del lenguaje.

Las palabras no reproducen nuestras experiencias más profundas ni nuestros niveles más elevados de conciencia.

No todo puede definirse. Hay cosas que es preciso experimentar para entenderlas, y muchas experiencias simplemente trascienden al lenguaje. No cabe reproducirlas con palabras. El sexo, la muerte y la serenidad son tres buenos ejemplos. Leer sus definiciones en un diccionario no puede transmitir lo que se siente al experimentarlos.”

Del objeto apartado al amor, hay solo un pago de diferencia.

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¿Alguna vez les robaron el desayuno en la escuela?

Llega la hora del receso y corres a la tienda, entre el tumulto de alumnos hambrientos, te abres un lugar y le pides a la señora que te prepare un sándwich, con mucho queso y mayonesa, sin lechuga, con el picante a parte y semi-dorado en la parrilla. En la espera, te distraes (seguramente platicando), y de pronto cuando te das vuelta, descubres que alguien más acaba de llevarse el sándwich que pediste y que estaba preparado exactamente como tu lo querías. Para tu mala suerte, era el ultimo que podía reunir todas esas características, pues el queso se acabo y el pan que les queda es integral.
Tú, el hambre y todas tus ilusiones muertas.

Bien, pues si creen que exageré, quizá sea más fácil preguntarles, ¿alguna vez les ha pasado que pasan por un aparador y ven una cosa hermosa que parece hecha justo a su medida y cuando entran a comprarla les dicen que ya está apartada?
Sí, sé que esto les suena un poco más familiar, ¿cierto? Y bien, ¿Qué han hecho entonces? Sí, también lo sé. Intentan persuadir al vendedor, seguido de esto, (y después de pensar por segunda vez que aquello esta justo hecho para ustedes) entonces ofrecen un poco más de dinero, y cuando finalmente les dicen que ha sido vendido y que no hay manera en que puedan comprarlo, contemplan el aparador con tristeza y suma frustración por no haberlo visto antes, lo miran, lo acarician, imaginan lo hermoso que pudo ser salir de aquella tienda con aquello entre las manos. Sí, lo sé, se les hubiera visto tan desquiciadamente bien. Y es que parecía que lo hubieran fabricado justo para ustedes y solo le faltaba su nombre bordado. Pero oh decepción, tienen que seguir recorriendo las tiendas, porque a pesar de ser perfecto para ti, alguien más lo tendrá (aunque no se le vea tan bien como a ti, por supuesto.)
El irremediable lamento por aquello tan bello que pudo ser tuyo, pero alguien lo encontró primero.

Así que ya nos vamos entendiendo, el terrible robo del sándwich que estaba hecho para ti, y el lamentable shopping tardío. Dos historias de frustración verdadera para llegar a la historia más triste, y por supuesto que esa es una historia de amor.
¿Conocen al amor de su vida? Bien, pues, en esta ocasión no tiene nada que ver. He conocido al amor de mi vida varias veces, y la primera vez que me enamoré, fue totalmente platónico. Me he enamorado muchas veces, poco, poquísimo y mucho, y considero que solo he amado a una persona, sin embargo, nada de esto tiene que ver con el sándwich, ni con el objeto de mi afecto, aunque son casos comunes como el amor, las cosas de este tipo siempre tienen solución.

¿Han conocido a su alma gemela? Bueno, pues eso es aún más complicado de lograr.
Osho, Buda, entre otros, dicen que encontrar un alma gemela no es algo que sucede de manera común, es algo excepcional, único y la mayoría no llegará a conocer a su alma gemela nunca.
Bien, ciertamente me siento especial (y sí, me creo mucho.) he tenido la fortuna de encontrar en esta vida a quién según mi alma, reconoce como su alma. Vale la redundancia y sí, es algo excepcional.
¿Alguna vez han leído un libro que pareciera que relata su vida misma? Ok, pues es más o menos parecido (tipo magia).
Un alma gemela te lee (y no solamente en sentido literal), te ve, te comprende, se funde contigo, incluso aún sin decirse una sola palabra. Eso suena bien ¿no? Todos queremos encontrar a esa otra mitad con quién compenetrarnos.

Pues bien, yo la encontré, la admiré, la procuré, me enamoré, pero como al sándwich que me robaron por distraída y como al precioso objeto del aparador; pues alguien se me adelanto.
La vida, realmente es un misterio que no necesita ser resuelto, pero ¿por qué diablos hace cosas perfectas a tu medida y las pone en manos de alguien más? En serio, ¿Cuál es el punto? ¿Es una especie de karma por distraerme tanto?
No se que venga después, no se cuanto me dure esta vida, lo que si sé, es que con un demonio, no volvería a platicar en la fila de la tiendita, y si veo algo en el aparador que parece ideal para mi, lo compraré de inmediato, y si ya está apartado, tendré dos opciones: dar media vuelta y no volver por ahí, o robarlo. ¿Ustedes que harían?

Se lo que deben estar pensando ahora (la verdad no) y se en quién están pensando ahora (la verdad, tampoco).
Por eso (y porque en realidad no lo se) voy a decirles que sea cual sea su respuesta, probablemente harán muy bien.
La vida son decisiones, y las decisiones importantes se toman con el estómago lleno (y la cabeza fría).
Se puede vivir sin un alma gemela, pero cuando la conocen, nunca la van a olvidar.
Así que, llamenlo suerte o casualidad, yo la conozco, aunque no está conmigo. Y si yo puedo vivir sin ese sándwich, ustedes pueden vivir sin “el amor de su vida”.
Y si ahora se preguntan ¿Cuál era el sentido de todas estas letras? Les diré algo que escuché por ahí: “a veces no necesita tener sentido para que tenga sentido”.
Y si lo que esperaban era una moraleja, pues bien, aquí la tienen: “No te distraigas, y si encuentras a tu alma gemela, nunca la pierdas de vista.”

Puntos suspensivos…

“¿Existe realmente el punto final?
Quizá en un libro, pero no en la mente, mucho menos en la vida.”

Pensaba en los signos ortográficos y me di cuenta de algunas cosas, por ejemplo,
lo necesaria que es la coma, lo elegante del punto y coma.
Las comillas son lindas, los paréntesis son reveladores, parecen amables.
Llegué al punto y seguido, al punto y a parte y pensé en lo bellos que son,
¡uf! me inspiran y expiran paz.
Pero definitivamente nada me gusta más que los puntos suspensivos, ¡que hermosos son!
que misteriosos, que emocionantes, que esperanzadores…
Lo ven, todo un infinito de posibilidades. Tres puntos que me dicen que todo va a suceder,
tres puntos que invitan y seducen, una pausa renovadora que conduce al ¿Y por qué no?
Un espacio que deja a la imaginación con ganas, al cuerpo inquieto y al espíritu despierto.
Tres puntos, y el suspenso… que bonitos son.
Entonces llegué al punto y final, y sentí tanta tristeza. ¿Por qué? ¿Por qué un punto y final?
En serio, ¿de verdad punto y final?
Acabar con la historia, cerrar toda posibilidad a la magia de la vida…
Es absurdo creer en el punto y final, nadie debería siquiera intentar usarlo, es una necedad.
Todo existe con un fin, es cierto; excepto el punto y final.
Ni aún en los mejores libros un punto y final tiene sentido,
porque un libro sólo abre nuevas posibilidades.
Y en la vida real, que te puedo decir…
¿A caso mis puntos suspensivos no son hermosamente suficientes?
Somos un infinito, y podremos tener pausas, breves o largas.
Podremos encriptar, citar, separar o intercambiar.
Podremos saltar de una oración a otra, de un párrafo a otro, de un texto a otro,
incluso, si no te agrada el español, podrás aprender francés, ingles ¿Que tal un poco de alemán?
Pero a tu intento de punto final, siempre le crecerán alas con forma de dos puntos más,
se van a colocar delante de tu “punto final” y lo quieras o no, volverás a volar.
Así que aquí están, te los regalo. Mis tres maravillosos puntos, los vas a necesitar…

Página 16, “El poder del Tao”.

” Existe una gran diferencia entre las leyes de la naturaleza y las leyes del sustento humano, y ésta es la capacidad de elección. Si lanzas una piedra hacia arriba, no tiene más elección que caer. El agua no puede elegir congelarse cuando hierve. Las plantas no pueden elegir hacer fotosíntesis con la luz de las estrellas en lugar de con la luz del sol. Ni los leones y los tigres pueden elegir volverse vegetarianos. Todos ellos obedecen a una amplia gama de leyes: las leyes de la naturaleza. Los seres humanos también obedecemos a la naturaleza, pero tenemos el don (y a veces la maldición) de una capacidad especial: la posibilidad de elegir. ¿A qué hora te levantarás? ¿Qué ropa te pondrás? ¿Qué tomarás para desayunar? ¿Que leerás camino del trabajo? ¿Qué clase de trabajo harás? ¿Con quién te casarás? Cada día hacemos cientos de elecciones, de las más insignificantes a las más trascendentes. Para bien o para mal, el mundo humano lo rigen estas elecciones.
La capacidad de elegir es muy poderosa y, por tanto, constituye una gran responsabilidad. Porque todas las elecciones tienen consecuencias. Cada vez que tomas una decisión generas una causa. Y toda causa tiene siempre un efecto, para bien o para mal.”

[Lou Marinoff]

La fortuna de tener dos padres.

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Papá, es la palabra correcta para el ser que te dio vida y para aquel hombre que desinteresadamente e incondicionalmente te ha dado amor, protección, guía, ejemplo, entre otras tantas cosas.

Yo he tenido la fortuna de tener dos padres en esta vida, mi padre biológico y mi padre abuelo; los hombres de mi vida. Ambos forman parte de las raíces que hoy me han hecho el ser que soy. A su modo y a su manera, ambos me han dado algo.

Mi padre, el que me dio la vida, es un hombre raro, muy raro. A él más que a nadie le adjudico mi rareza, y agradezco por ello; somos seres diferentes, quizá incomprendidos, pero nosotros tenemos el poder de ver más allá que otros. A mi padre, también le adjudico el poder de la palabra, pues siempre había en él un consejo y algo que decir acerca del mundo y de la vida.
Lo recuerdo cargándome en sus hombros, lo recuerdo (con mis ojos de infancia) como un hombre poderoso venciendo las olas del mar. Lo recuerdo siendo amigo, lo recuerdo llorando, lo recuerdo cantar. Mi padre, el hombre al que llamaba cuando mamá nos regañaba por las travesuras. Mi padre, aquel hombre que llenaba la ducha de juguetes para poder meternos a bañar. Mi padre, aquel hombre que no sabe cuántas veces disfrute el verlo sonreír por ninguna razón, o al menos, no una razón aparente. Mi padre, aquel hombre con el que mantuve largas discusiones y desacuerdos. Mi padre, un hombre diferente tan lleno de virtudes como de defectos; un hombre al fin. Mi padre, que nunca se preocupó por ser un ejemplo pero que me ha enseñado directa e indirectamente muchas cosas de esta vida, a él le agradezco este cuerpo, esta herencia, los recuerdos, las palabras y el espejo en el que muchas veces me he visto reflejada. Gracias a ti, que me has dado siempre algo, aún sin darte cuenta, Gracias papá.

Mi padre abuelo, él que sin pedirle, me daba. Mi padre abuelo, un hombre humilde y noble. A él más que a nadie le adjudico muchas de mis virtudes, a él le agradezco un infinito de amor, de tiempo, de cariño, de protección, de ejemplo, entre tantas cosas más. Papá y abuelo, dos en uno.
A él lo recuerdo regando los jardines y obligándome a bailar de cachetito la marimba. Recuerdo su voz en el teléfono todas las mañanas y en seguida mirarlo entrar a dejar un bote de leche. A mi padre abuelo lo recuerdo prepararme la cama; su cama, en dónde me dormí cientos de fines de semana. A él lo recuerdo llevarme al rancho en su camioneta, puedo hasta sentir ahora el olor de su franela, el de su camisa, y el de su sombrero. Lo recuerdo llevarme a recolectar moras y a ayudarlo a cargar las rejas de refresco. Él me heredo y me enseñó el amor por la naturaleza, por el cielo y la vida. Puedo recordar cuanto le gustaba recibir mis besos y abrazos, puedo recordar cuanto le gustaba consentirnos, puedo recordar cuanta paz y cuanto amor había entre sus brazos.
Mi padre abuelo, un hombre que estuvo siempre al pendiente, siempre presente. A él le agradezco su ejemplo, pero sobre todo su tiempo, porque tiempo, es lo más valioso que alguien te puede dar. Por él entiendo que las palabras no bastan, porque no existe una sola palabra que pueda decirle más que “gracias”. Pero gracias abuelo, siempre serás el hombre más especial de mi vida.

La fortuna de tener dos padres, no cualquiera la tiene, y sin embargo la he tenido yo. Gracias a la vida, y gracias a ellos. Los recuerdo así, siempre dándome algo, aún hoy, aún en mis recuerdos. Los llevaré siempre dentro de mi alma con mucho amor y los haré vivir para siempre dentro de mis letras. Papá y papá abuelo, los amo.

Día 0.

 

Previo a navidad, con exceso de trabajo. Mi atuendo era el de un chef cualquiera que escapa del cansancio que provoca la cocina. Repartir los pedidos cuidando el movimiento del coche para que nada se derrame y terminar derramándolo en la filipina blanca de filo rojo, los pantalones grises y flojos salpicados, los habituales converse de mí día a día. Me despoje de la filipina cuando entregue el último pedido quedándome con la playera negra más vieja y desgastada que tengo, el cabello desaliñado, sed y palidez, sudor con olor a miel y especias.

Mi amigo bastante fresco sugirió una cena, cerveza casual, algo para aligerar el cuerpo y volver temprano a casa. Yo accedí sin un ápice de consciencia.
Todo parecía más común y corriente de lo habitual hasta que entraste tú.

Una ficha roja en un tablero de ajedrez es contraste e iluminación. Cabello castaño rizado, zapatos altos, pantalones ajustados, sin exceso de maquillaje y con los ojos más intensos que no había visto antes. Tú y tu actitud arrolladora, vistiendo un hermoso suéter rojo.

Tú y tu amiga se sentaron en nuestra mesa, mientras tú conversabas con él, yo conversaba con tu amiga. Lo curioso del caso es que hasta la fecha no recuerdo ni el nombre ni el rostro de aquella persona con la que hablaba, en cambio grave tu nombre, grave tus ojos, grave tu voz. Sin idea de quien eras pero con la certeza de que era la más bella casualidad de aquellos días fríos y agitados.
Como el sol que entra por una rendija de la ventana anunciando un nuevo día, así entraste tu a mi vida, golpeando mi razón a cada palabra y a cada movimiento que tu cuerpo expresaba. Así te quedaste en mi mirada, como una película que repetía una y otra vez… tenía que volver a encontrarte…

 

“No more promises”

¿A dónde se van las promesas rotas?

Te recuerdo prometiendo tantas cosas, y parecía verdad que esas promesas iban a estar ahí por siempre. Pero si tú ya no estas, ¿a dónde fueron ellas?
Vivimos en el supuesto de que las promesas nunca mueren, pero ahora entiendo que aquello que prometemos no es más que el momento poético que tiene un instante de volverse tan mágico como falso.
Promesas que se hacen con el corazón, pero el corazón envejece, muere y también olvida. Promesas que se hacen por amor, pero el amor se transforma y se multiplica, y cuando se divide ¿en dónde quedan sus promesas? ¿Atrapadas en el medio? Sin poder cumplirse, y sin poder retirarse. ¿Y si el amor se transforma, ellas también lo hacen? Entonces pierden su fuerza, se les resta valor. Y no me atrevo a decir que el amor muere, como mueren las promesas.

Hoy, como tantos días desde que no estas, me senté a pensar en aquel tiempo dónde tus promesas estaban al alcance de mi mano, y hoy ya no las alcanzo. Utilizaste muy mal la palabra “siempre”, quizá debí regalarte un glosario en cada aniversario, quizá fue mi culpa, por no entender lo que era tú “siempre” o por buscar siempre el significado en un diccionario.
Te lo dije, no me gustan las promesas, pero entonces hay días como este, y las extraño.
Quisiera que por un momento pudieras sentarte aquí a mi lado y prometerme algo, aunque lo único que puedas prometer ahora es tu ausencia, tu silencio, y todas aquellas cosas que ya tengo, quizá así en mis sueños te encontraría un poco más coherente.

¿A dónde han ido tus palabras que me aseguraban un abrazo? ¿A dónde han ido tus miradas que me prometían nunca faltarme? Debería arrancarte los ojos, o los brazos, o alguna otra cosa tuya que se quede, así al menos me aseguraría de que cumplas, y guardaría esa promesa en un frasco, lo colocaría en mi buró como siempre he querido colocar un frasco lleno de luciérnagas, pero ellas morirían y tu promesa no. Y por eso te dije que no era bueno prometer, ahora solo saboreo el desencanto de saber que una promesa dura lo que un instante, ahora resulta que para mantener una promesa habría que destazarte.

Promesas al fin, todos las hemos escuchado, todos las hemos hecho ¿Cuántos las hemos mantenido? ¿Cuántas sobreviven y cuantas se mueren a mitad del camino o al primer tropiezo? Pobres palabras que se emocionan al ser creadas y que se desgarran en el tiempo, entre el polvo y el viento las desgastan, las torturan y entonces las matan. Así como tú, así como yo, así como ellos y como todos, hacemos promesas para luego asesinarlas.
Somos asesinos del tiempo, asesinos del romance, asesinos de un instante, ¿o somos nosotros los asesinados?

Que importa ya, si todo fue un destello cegador o un estruendo magnifico, si ahora queda la oscuridad que también nos ciega y el silencio que también ensordece. Ironías que envuelven la contrariedad de tus promesas, esas que hiciste y que ahora se quedan como un empaque no retornable de cualquier cosa hecha con plástico, vacías, sin el contenido que en realidad es lo que compramos, ¿será que las promesas también las consumimos? ¿Será que también expiran? Y al final nos quedamos con el cascarón y hasta le otorgamos un valor, ¿No deberían ir a la basura? ¿Reciclable o no reciclable? Quizá debería dejarte un espacio en blanco para la respuesta. Quizá me adelante y empecé por quemar todas tus cartas, cientos de promesas en tinta y papel que ahora no me servirían más que para acumular polvo, humedad y alguna que otra lagrima. No me importo incendiar un poco de madera y vaciar unas cuantas botellas de ron, así como no te importo cumplirlas, así como no te importo recordarlas, así como no te importo asesinarlas. ¿Por qué habrían de importarme a mí hoy? Si ya no está el contenido, el empaque se puede ir a la mierda.

Tú y todas tus promesas, se convertirán en una leyenda a través de mis hojas, lo cual parece injusto, pero al final me parece buena idea, así cuando me leas, te recordare esas promesas, que tú mataste, y que yo he resucitado en letras. Aquí van entre líneas, las he pintado y adornado, sabes que nunca fui buena para las manualidades, pero he hecho una excepción. Tus promesas, todas tuyas, y tan poco mías. Tómalas y guárdalas, entiérralas o quémalas, recíclalas o véndelas, pero no vuelvas a traerlas.

Te recuerdo prometiendo, cosas, palabras, sueños, falacias.
Promesas, al final son solo recuerdos de ayer.

 

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