Simetría.

Encontrar tus ojos,
darles un beso,
sonreír en tu boca.
Escapar.

Sobre la carretera
cantarte canciones,
tomar tu mano.
Sin velocidad.

Bajo el sol,
beber un trago,
escucharte reír.
Complicidad.

Esconderme en tu pelo,
dormirme en tu cuello,
sentir tu calor.
Soñar.

Acelerar tu respiración,
dejarte sin aliento,
hacerte el amor.
Volar.

Caminar por las calles
abrazarnos,
comer pasta con pan.
Fotografías.

En una tina,
derramar vino sobre tu cuerpo.
Dejarte tocar mi alma.
Llorar.

Un día que acaba en ti,
y otro que comienza contigo.
El día perfecto existe,
y el amor también.

Alegoría.

Si pudiera ser la calma de tu tempestad
o el refugio que busca tu soledad.
Si pudiera encontrar las palabras que te faltan
o el silencio sereno de un momento adecuado.
Si pudiera estirar más los brazos
te abrazaría en cada duda que te cruce.
Si pudiera prestarte mis ojos
te regalaría cada atardecer que hay en ellos.
Si pudiera darte mis manos
te daría todas las caricias que te han hecho falta.
Si pudiera ser el rincón donde te escondes,
tu pensamiento más profundo,
tu deseo sin titubear,
el escape donde encuentras la paz.
Si pudiera ser tu certeza,
tu lugar seguro,
la voz en tu cabeza que no te corroe.
Si pudiera ser tu ancla,
el suspiro que te alivia,
la fortaleza que te impulsa,
el arma que te desarma.
Si pudiera ser el remedio que te cura,
la sombra que no te asusta,
el sueño que te consuela.
Si pudiera ser la sonrisa que te pintas
o la risa que te gana,
ningún día te faltaría.
Si pudiera ser tu sol
o tal vez la luna,
si pudiera ser luz en tu oscuridad.
Si pudiera darte algo tan grande
te daría más vida y las ganas para vivirla,
te daría la voluntad para enfrentarla
y la valentía para disfrutarla.
Si pudiera darte un poco más
te daría mi alma,
para que yo nunca te falte,
para que tú siempre me tengas.

Pero hoy simplemente soy esto,
yo, mi corazón y mis muchas ganas,
con un manojo de buenas intenciones,
miedos e ilusiones.
Hoy soy mi fe saltando al vacío
con la certeza de lo que puedo darte:
mi amor,
todo este amor que quiero entregarte
a manos llenas,
como flores,
como semillas,
como aquello que solo quiere florecer en tu jardín.

Si pudiera agregar algo más,
diría que quisiera ser tu manos,
esas que son capaces de regar todas las flores
cada día
y también en cualquier lluvioso amanecer.




Mi amor, nunca olvides sonreír.

Tengo una colección mental de tus risas.
Me guardo cada una de ellas,
así como tus gestos.
No me canso de escucharte reír,
de escucharte hablar.
No me canso de ti,
de tus besos, de tus manos…
Quisiera mirarte siempre,
y poder conservar intacto
este álbum imaginario
de todos tus movimientos.
Te guardo en mí,
a cada instante que te tengo.
También guardo tus manías,
tus berrinches,
los gustos, los caprichos;
lo guardo todo.
Porque todo eso que tú eres,
me provoca amar.
Y te he amado ya en cien formas,
y sé que no me alcanzarán los números
para seguir contando.
Lo colecciono todo de ti
porque es fascinante vivirte,
y que si un día me faltas,
quizá no me faltes tanto,
porque podré seguir encontrándote
dentro de mí, y al cerrar los ojos.
Yo seguiré teniéndote,
a pesar de que te hayas ido.
Te veo ahora mismo sin tenerte en frente,
porque cada uno de mis sentidos puede reconocerte,
aquí, allá, ahora mismo, mañana.
Sé perfectamente cómo hueles,
a lo que sabes.
Mi piel te siente
en una canción,
en cualquier cielo.
Y tu risa,
puedo escucharla siempre que quiero.
La he guardado en un recuerdo casi perfecto.
Sé,
y sabrás,
que necesito no olvidarla,
porque un día,
cualquier día,
será tu risa la que me cure cualquier pena del alma.

imAnes.

No imaginé que los lugares bonitos, podían ser más bonitos…
Hasta hoy que los puedo recorrer de tu mano,
que me puedo mirar en tus ojos,
que puedo amanecer en tu cuerpo;
y que mientras la lluvia cae,
a mí me cobija tu amor.

Quiero recorrer todos los lugares hermosos
solo para reafirmar
que no hay lugar más bonito,
que entre tus brazos.
Quiero admirar toda la belleza de este mundo
sabiendo que tengo lo más bello a un lado.

Te busqué mucho tiempo,
me confundí, me crucé contigo,
te esquivé, te encontré,
y desde entonces eres tú…
Eres tú mi cielo
con quien quiero caminar,
con quien quiero amanecer,
con quien quiero amar.
Eres tú el amor, y solo tú,
lo que mi alma buscaba,
lo que ni siquiera imaginé que podía ser tan lindo…
eres tú, mis ganas,
mi debilidad y mi fuerza,
la caricia magnética,
de mi corazón al tuyo,
con tanta fuerza.
Eres tú, mi amor.

Consustancial.

Pasan tantas cosas al mismo tiempo,
y mientras alguien muere,
alguien más está naciendo.
Mientras alguien nace,
alguien más se está enamorando por primera vez.
Mientras alguien se enamora,
un gato está intentando cazar a un pez.
Mientras el gato y el pez luchan,
alguien más está riendo a carcajadas.
Mientras alguien se ríe,
alguien más está terminando con su vida.
Mientras alguien pone un final,
alguien más está comenzando algo nuevo.
Mientras alguien comienza de nuevo,
alguien más se está sirviendo una taza de café.
Mientras alguien bebe café,
alguien más destapa una botella de vino.
Mientras alguien brinda,
hay dos personas haciendo el amor;
Y mientras hacemos el amor,
mi amor,
el resto del mundo ya no existe.

(Tú)Amor.

Qué bonito se siente tu amor.
Qué bonito se siente que tú me quieras.
El corazón no me latía tan fuerte hasta que tú me besaste,
y hoy ya solo quiero que me besen tus labios.
Que sean tus manos, y ningunas otras, las que me toquen hasta el alma;
las que me lleven,
las que me acaricien,
las que me hagan reír, y también,
las que me sequen las lagrimas.
Yo quiero sentirlo todo contigo.
Vivirlo,
ir y venir, volver a coincidir,
quedarnos cerca,
tener tu abrazo,
ese que solo quiero de ti
y que me hace no necesitar una sola palabra para decírtelo.
Qué bonito se siente tu amor.
Se siente como un lugar seguro,
como llegar a donde ya me esperaban,
a donde yo más quería llegar.
Qué bonito se siente que tú me quieras,
que me regales tu tiempo,
que me compartas un trocito de tu corazón,
ese que quiero cuidar todos los días
y escucharlo latir,
más fuerte, más lento,
recostándome en tu pecho.
Qué bonito se siente tenerte cerca,
que me hables de ti,
que me cuentes secretos.
Qué bonito es quererte,
mirarte existir,
sentir todo lo que sientes.
Qué bonito es besarte
y darme cuenta de eso;
poder grabarte detrás de mis ojos y debajo de mi piel.
Tener el poder de hacerte sentir bien,
desatarte la sonrisa,
desvestir tus miedos
y besar uno por uno hasta que desaparezcan.
Qué bonito es lo que tenemos, tú y yo,
como un ritmo,
como una armonía,
como algo que se sincroniza de manera sublime,
como la música.
Tú y yo,
y el amor,
y lo bonito.
Qué bonito se siente tu amor.
Qué bonito se siente que tú me quieras.

En esos días, y en todos.

Esos días
con ganas de nada,
lo sé.
Esos días
en los que te sientes perdida,
en los que no entiendes nada,
en los que no quieres pensar mientras piensas más,
esos, en los que te llenas de dudas,
en los que sientes frío,
en los que tienes miedo.
Esos días
en los que quieres ignorar al mundo,
en los que te alejas,
en los que no me cuentas,
en los que desapareces,
en los que te vas.
Esos días
en los que abrazas tu soledad,
en los que quieres llorar,
en los que te contradices y te confundes.
Esos días
en los que te escondes,
en los que sí y también no,
en los que me olvidas.
Esos días
en los que me odias un poco,
en los que me sueltas,
en los que te pierdo;
esos, en los que cierras la puerta,
y yo te espero tras ella.
En esos días
te guardo los abrazos,
te guardo los besos,
te guardo mi amor.
Porque te creo,
te creo cuando dices que me quieres.
Te creo cuando dices que me crees.
Porque creer en alguien,
debe ser la cosa más bonita,
y creernos,
nos mantiene cerca
sin importar el día,
si el cielo es azul o gris,
si hay luna llena o si hay tormenta.
Créeme ahora;
en esos días,
mi amor,
en esos días también te quiero.

Ella no sabe.

Ella no sabe que le pienso como si fuera sueño,
y que sonrío mientras lo hago,
incluso si voy caminando,
o si despierto,
o si simplemente estoy.
A cualquier hora del día se me aparece,
sin importar lo que este haciendo,
la imagino mirándome,
la escucho hablándome,
le puedo sentir acercándose a mí.

Hay momentos en los que mi mundo tiembla con su ausencia,
y me descubre un escalofrío que me recuerda a sus manos.
Es un instante que viene como una revolución,
como un palpitar agitado que sube hasta mi cabeza,
que me marea y me hace cerrar los ojos,
deseando, pensando, sintiéndole aquí,
y al mismo tiempo, extrañándole,
queriendo estar cerquita del cielo,
y con cielo, ya sabe que me refiero a ella.

Porque tenerla cerca es la revolución y la calma,
es como pararme en el precipicio y dejarme caer,
y mientras caigo, darme cuenta de que puedo volar.
Su abrazo es igual a sentir que he encontrado mi lugar en el mundo.
Sus besos, forman manchas de colores detrás de mis ojos,
Y ahí es donde me pierde el mundo,
y ahí, es donde me tiene ella.

Entre su cabello y su cuello
he encontrado nuevas formas de soñar.
Ahí, mientras sus manos juegan con mi pelo
puedo sentir mi propia existencia vibrando en alta frecuencia,
desplegando ondas de calor como si fuera un sol.
Juro que cuando besa mi cuello,
mi corazón se detiene un instante.
Es un poco como morir, flotar y resucitar en un solo suspiro.

Ella no sabe que en cada espera
hay un infinito de miradas perdidas que le buscan.
Y cada vez que la vuelvo a ver,
mis ojos culminan la búsqueda y llega el sosiego,
mientras mi corazón lo pierde.

No hay luna, ni estrella que me robe la mirada como lo hace ella.
Es como pedir un deseo, y mirarlo venir hacia ti.
En cada silencio que hacemos,
en cada pausa,
se esconde el miedo,
el miedo a poner palabras,
el miedo a dejar ir el instante,
el miedo a perderla, a perdernos.
Ella no lo sabe,
pero ni todos los miedos,
ni todas las heridas,
me harían desistir de vivirla.
Porque las dudas se van
cuando la escucho reír,
porque quisiera escuchar su risa toda la vida.
Porque cuando me dice —te quiero—
comprendo porque vale la pena volver a amar, volver a sentir, volver a verla y quedarme cerca, muy cerca de sus labios.

Ella no lo sabe
pero yo sí sé quererla,
y quiero quererla como nunca antes quise querer a nadie más.
Quiero quererla como nadie más la quiso,
y como nadie más lo hará.
Quererla ahora, quererla siempre.
Quererla mientras existe, mientras esta.
Quererla cuando se va,
aunque un día no vuelva.
Porque la quiero ya de tantos modos,
y ella no lo sabe,
pero yo voy a quererla,
con toda el alma,
con todas mis fuerzas,
porque no hay nada que quiera más que saber que el amor existe,
que mi amor existe,
y qué esta en ella.

Estación.

Somos tan fugaces y seguimos esperando por algo que nos dure, por algo que se quede, por algo que parezca inmune al tiempo. Seguimos esperando, como si pudiéramos, como si fuéramos dueños del tic tac.
Como si fuéramos adictos al juego del destino subimos las apuestas. Sintiéndonos infinitos, volvemos a perder una y otra vez.

Seguimos esperando, que nos cumplan, que nos amen, que nos den. Seguimos creyendo, confiando, depurando.
Seguimos pensando que ahí donde los necesites van a estar. Seguimos diciendo que ahí donde nos necesiten, vamos a estar.

Seguimos aquí, donde lo único constante es lo inconstante, en donde el cambio es permanente y el estar ahí, se convierte más en una cuestión de suerte. Casualidad o causalidad, a veces girar la moneda y otras veces gastarla.

Somos tan fugaces que nuestro tiempo es lo más valioso que podemos dar.
Ama tu tiempo, ama con tiempo y no esperes nada de otros tiempos. Que todos vienen y van, que todos somos pasajeros, qué hay cosas que nos unen y también están aquellas otras que nos desunen.
Que esto es así: todos llegan con el sol haciéndote sonreír. Deja que caiga la noche, y aquello que siga haciéndote sonreír, será lo que se quede un poco más. Que todo lo bueno tiene sentido, y todo lo malo se lo da.

*En la oscuridad de tus días, observa lo que brilla. Así, en la oscuridad de sus días, brilla.

Dogma.

Dejé de tratar de entender y me entregué al infinito de posibilidades que es vivir. Descubrí que no es el tiempo, es tu tiempo. Las horas y los minutos no sanan, es uno el que lo hace todo.
Estamos inmersos en esta sucesión de eventos, donde creer es un arma de doble filo. Tú le das poder a las cosas (*recuerda esto).

El tiempo es una ilusión, y el instante es un parpadeo. En cada abrir y cerrar los ojos, las cosas son distintas; así como cuando pierdes la fe, así como cuando te la devuelven en solo una sonrisa.

Todos queremos sentir y estamos dispuestos a pagar el precio. Porque al final el dolor pasa, pero lo que te han hecho sentir, te cambia.
Reinventarse y encontrarse para volver a apostarlo todo.

Volver a amar, es un acto de fe divino.