El último…

No recuerdo la última vez que me besaste. No recuerdo el sabor del último beso. Recuerdo que no pensé que fuese a ser el último. Recuerdo que siempre te besaba como si lo fuera a ser.

Así que espero que en ese último beso fueran todos los “te quiero” que no te dije, todos los “te echo de menos” que siguen en mi garganta y que no dejan de ahogarme.

Pero, sobre todo, espero que en esa ultima caricia a tus labios, fuera el “gracias” más sincero que he dicho en toda mi vida.
Por hacerme creer en el amor, por demostrarme que existía y por hacerme feliz con tan poco.

No recuerdo nuestro último beso.
No lo recuerdo, y menos mal.
Me estaría torturando cada día el pensar por qué no me quedé a vivir ahí un rato más, solo un rato más…

Espero que te besen más, pero no lo harán mejor.
Espero que te quieran mejor, pero no lo harán más.

Soledad Contigo.

#ContraLasCuerdas

Completando(nos).

Uno
Dos
Tres
Cuatro y te voy a robar
Cinco
Seis
Siete besos en toda tu sonrisa
Ocho
Nueve
Diez
Ven por estas ganas acumuladas
Nueve
Ocho
Siete veces en aquellas lunas y la sombra
Seis
Cinco
Cuatro
Quédate conmigo para siempre
Tres
Dos
Yo 💛

01:39, 09:02, 09:38
10:06:
te amo
te amo, adios
(tic tac)
mi cohete, tu luna
(música)
te extraño

Ella y yo.


Entre tú y yo, y todas nuestras urgencias… 💛

“Me urge besarte la boca, los labios, las manos, los pies, me urge morderte el lóbulo de la oreja rosando el fantasma que dibuja a milímetros de ti el bello de tu cuerpo, invisible al ojo. 
Me urge tocarte el cuerpo con las yemas y morderte los pezones y quitarte la ropa y lamerte la vulva y acariciar tu clítoris y hacerte el amor y susurrarte en la oreja y ver televisión y aburrirnos y caminar sin decir nada, guardar silencio un maldito segundo, asesinar el ruido de la ciudad, ir lento y transgredir el ritmo.
Me urge tomarte de la mano sin darme cuenta, de la manera más natural e impredecible contra toda mi naturaleza antisocial y gusto por la soledad. Me urge visitar aburridos museos y pensar en hijos y no quererlos ahora y en si nuestro sentir es verdadero o mera fantasía, en pelear en acaloradas discusiones filosóficas y otras no tanto, gritarnos por no vernos, tu trabajo, mi escuela y las cuentas y mi distanciamiento y el tuyo. Pelear, enojar, llorar y luego… cansadas de luchar partirnos de risa y besarnos, y amarnos.
Me urges llorando y enferma, para prestarte mi hombro y calmarte, decirte que te encuentro hermosa y sexual y digas que no y me llames mentirosa y afirmes tener kilos de sobra y decirte que “no”. Me urge que preguntes por mí y mis amantes y yo sobre los tuyos y llenarme de celos y rabia. 
Me urge estar bien y que seas feliz, pasar lo bueno y malo, platicar, fumar, beber cerveza y tequila hasta no poder andar, reírnos, vomitar en el hotel y sobrevivir a la resaca.
Me urge estar contigo y ser tuya, ver como se arquean tus ojos al reír y al llorar, ver como tus ojos brillan y parecen hacerse más grandes al hacerte reír, me urge fotografiarte desnuda, colgar los retratos en la habitación, llenarme de deseo al mirarlos y masturbarme en tu ausencia.
Me urge tu ausencia y el intenso deseo que me provoca, me urge andar en rehabilitación y dejar las adicciones para volver a caer en ellas, en ti. Perderme contigo y sin ti, perder todo y ver que te quedas, que lo pierdas todo y veas que me quedo, con miedo pero me quedo.
Es confuso y violento, enfermo, demencial, destructivo, es potente y hermoso, es romántico, muy estúpido si se quiere, absurdo… Pero me urges en todo momento, cuando te amo y te odio.
Me urges en presencia y ausencia, me urges en todo momento… porque TE AMO” 

                                       – José de la Serna –

El Manto Y La Corona


Como no estamos solos en el mundo,
y miramos afuera, y nuestra isla de amor está comunicada por puentes incontables con las necesidades, las tristezas, el dolor de las gentes; como te sientes reclamada por una obligación más fuerte que tu misma ventura, ya no te basta que te diga, o te cante o te llore que te quiero para creerme que te quiero.

Me has pedido que piense en combatir; que tome, por mi orgullo y por tu amor, mi sitio, mi lugar de soldado en la amargura de los ejércitos humanos. Porque te quiero y porque soy, te escucho; y porque quiero ser porque te quiero.

Estoy aquí, diciéndote que no he olvidado lo que debo; y estoy contento, porque corro mis riesgos junto a ti. Porque a mi izquierda y a mi derecha estás luchando,y porque sé que cuando vuelva a descansar mis brazos, a cerrarme las recientes heridas, ya no será para estar solo. 
Rubén Bonifaz Nuño

“Sólo para locos”

De mi adecuada lectura de domingo, extraje un pedazo que bien puedo adaptar a mi vida actual, comparándome con el lobo estepario, mis días, y éste en especial transcurre así, pacífica y dramáticamente sin emoción, con esa paz que irónicamente inquieta porque es como beber un té tibio cuando mi lengua quisiera quemarse o helarse. 

De las anotaciones de Harry Haller:

“Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de la tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas. Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablemente odiosa y repugnante, y tengo que refugiarme desesperado en otras temperaturas, a ser posible por la senda de los placeres y también por necesidad por el camino de los dolores. Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces, de arrancar la peluca a un par de ídolos generalmente respetados, de equipar a un par de muchachos rebeldes con el soñado billete de Hamburgo, de seducir a una jovencita o retorcer el pescuezo a varios representantes del orden social burgués. Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, está salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente.” 

Mi opinión acerca del día Internacional del Orgullo LGBT.

Celebro el respeto y que se otorguen los mismos privilegios y obligaciones para todos por igual, pero honestamente no veo porque recurrir al exhibicionismo y escándalo para celebrar la dignidad y los derechos de las personas. Consideró que las marchas y la exagerada comercialización del día internacional del orgullo LGBT promueven estereotipos y envían, de cierta manera, el mensaje equivocado. Creo en la igualdad y los derechos para todos, sin tener que clasificar a los grupos sociales. Pienso que para ser una comunidad que busca y lucha por respeto e igualdad, usan demasiadas etiquetas, además de que algunos no se dan cuenta que por querer defender una causa, se van a los extremos, en donde ya no son diferentes de los mismos que los discriminan o rechazan.
Los invito a hacer una reflexión verdadera y pregúntense si realmente es cuestión de orgullo o simplemente de dignidad; la dignidad que cualquier ser humano merece y debe tener.

  
#SinEtiquetas #ElRespetoAlDerechoAjenoEsLaPaz #LoveWins #LGBT #28Junio

Y la verdad es…

La verdad es, que por estos días ya no me reconozco. Despierto en mi nueva versión y en el transcurso del día tengo fragmentos de recuerdos que ya no se si son míos.
La verdad es, que cada día te pareces más a un sueño lejano. Un sueño que alguna vez tuve y un día, me abandono. Cada vez es más difícil pensar en ayer, parecen visiones llenas de humo. Es como buscar un sendero dentro de la niebla espesa. 

Algunos días cuando despierto, sé que estuviste ahí, en la película de mis sueños. Apareces como imágenes entre cortadas, hablando, riendo, moviéndote… Te desvaneces y te pierdes ahí.

Recuerdo que prometí escribir nuestra historia, pero nunca encontré el valor, ni la fuerza. Cada vez que lo intenté, una catarsis se apoderaba de mí, y la evite a toda costa.
Dejé que el tiempo disminuyera su efecto para que el dolor no se apoderará de mí. Para que el dolor no me impidiera estar, y entonces, aprendí a estar, aquí. Y la verdad es, que no pude contarla nunca porque tenía mucho miedo de volver a ti.

Me parece tan ajena aquella historia de dos que se amaban, que dormían, que comían, que se encontraban cada mañana y cada noche. Parecen destellos que me hacen sentir como alguien que no conozco.

¿Cómo podría escribirte en una historia si a penas puedo describirte?
Podría encontrarte por la calle y reconocerte, pero mi mente ya no te trae.
No se cuándo, ni cómo, pero solía pensar que llegaría el día en el que ya no iba a mencionar tu nombre, y de pronto, sucedió. No me di cuenta. ¿Será eso el olvido?

La verdad es, que siempre he intentado huir de todo, incluso de mí misma. Por eso dejé de escribir un tiempo. No quería sentir. Finalmente volví a hacerlo, después de todo, escribir es lo único que sé. Aunque te borré de mis historias, le di tu forma a mis personajes. Te agregue cualidades que no tienes, te hice y te deshice tanto, que realmente comenzó a borrarse aquella línea divisoria entre el personaje y tú. Acabe por no notar la diferencia.

La verdad es, que termine por no reconocer nada. Ni nuestra historia, ni mis historias, ni nada. Y esa es la verdad, te expulsé y tu recuerdo se desvaneció junto con todo lo que vivimos. Pero hoy, me dispuse a contar nuestra historia como lo prometí, y la verdad es, que no pudo salir de mi pluma, y te lo confieso, ya no la recuerdo. Arranque la hoja y escribí esto, es la verdad. Me disculpo por haber roto una promesa, no se si te olvidé o te inventé, pero ya no podría escribir una historia en la que no se si alguna vez te amé.

Aquella persona que recuerdo, ya no se parece a mí. Aquel amor que recuerdo, ya no lo siento. ¿Cómo pude? ¿Qué estábamos haciendo? ¿Cómo era sentirse en tu compañía? ¿Cómo funcionaba compartir la vida contigo? No podría escribirlo, lo siento ajeno a esta realidad que construí en donde ya no existes, en donde ya no me atormentas. 

No necesito las respuestas; si todo aquello se ha desvanecido, déjalo estar. Si tú algún día lo recuerdas, quédatelo, por favor, nunca lo traigas aquí. Evítame la pena de recordar. Conviérteme en historia, aquella de alguna promesa rota. La historia que prometí, la historia que rompí, la historia que nunca escribí.

Romanticismo crónico.

Yo no quiero un amor para siempre, esos duran muy poco. Mejor uno o varios de esos romances etéreos que se pueden convertir en tinta y papel, en inspiración, en historias que van a volver a contarse. Esos romances que siempre tienen vida, porque viven en cada boca que lo cuenta, porque viven en acciones que fueron inspiradas en ellos, porque viven entre hojas, entre letras, entre tinta y sueños.

No, yo no quiero un amor para siempre. Inventamos el “siempre” y lo “eterno” para poder tener fe. Fe en el amor, fe en dios, fe en todo lo que tarde o temprano se nos escapa. Y es que “siempre” solo esta bien aplicado cuando decimos que nada es para siempre. Pero los enamorados se aferran a un “siempre” como si pudieran desafiar la vida misma.

Y es que cuando uno esta enamorado dice las cosas más bonitas, pero también las más inciertas, y a veces, las más irreales. Las primeras veces uno realmente se lo cree, luego viene la irremediable bofetada de realidad, y dejamos de creer. Algunos no se recuperan, algunos se ajustan, y algunos, un buen día entendemos que ser románticos, es inherente a nuestro ser, e independiente de otro sujeto.

Entonces algunos seguirán su camino en soledad, mientras otros irán juntos de la mano, atrás, adelante o al lado, cómoda o soportablemente pero juntos. Y algunos, seguiremos simplemente siendo irremediablemente románticos, solos o no, pero románticos. Ya sin buscar al gran amor de nuestra vida, ya sin buscar un amor eterno, ya sin buscar, pero viviendo con la ironía del SIEMPRE románticos.

Así que no, ya no quiero un amor para siempre, sin embargo, seguiré escribiendo historias donde el amor esté presente. Porque el amor, en sus infinitas maneras, me toca. Y cuando me toca, soy del romance. Y el romántico tiene derecho a decir cualquier estupidez solo porque se trata de amor; y el amor… El amor inspira.

  

Cartas a nadie: Carta I.

Amor, mi querido amor. 

Mi amor de antes.

Hace tiempo que nada entre tú y yo parece suficiente.

Hace un tiempo, que nuestro amor pasó de ser hoguera a ser témpano.

Siento frío. 

Encuentro cobijo y café caliente en otro sofá.

Más no, no hay otro amor además del tuyo.

Hago malabares con tus ojos y tus labios,

Guardo la humedad que me provocas cuando te acercas con las manos desnudas.

Te soy fiel, no lo hago por compromiso, sino por gusto.

Sin embargo, tu deshielo me alcanza y me siento como en medio de un aguacero a mitad de la noche atravesando la calle.

Amor mío; aunque quizá ya no eres tan mío, tal vez me lo repito para seguir sosteniendo esta historia.

La historia de los dos, juntos, separados, amándonos y detestándonos.

Mis noches me cuentan secretos, sueños que se sienten reales…

Y eso es lo que más quiero… sentir. 

Por eso me voy a la cama sin ti, por eso me desvelo entre fantasías y sudores que no provienen de tu piel.

A veces quisiera dejar intacto este amor; contemplarlo detrás de un aparador.

Tú me has enseñado a sentir, y por eso te amé.

Construimos y destruimos. Pero hay piezas que ya no encajan. 

Cosas irrecuperables, como cuando la aspiradora se ha llevado una pieza del rompecabezas y te das cuenta 1 semana después; cuando ya ha pasado el camión de la basura.

Hay tanta belleza en nuestra inexperiencia con el amor;

y al parecer, toda la experiencia adquirida, lleva una etiqueta con precio más iva.

Trato de suavizar mis palabras para que no te golpeen, a veces quisiera poder disolverlas en un té de menta para dártelo a sorbos, pequeños y dulces. Ojalá no fuera tan brusca, ojalá pudiera ser suave.

Tengo mi bolsillo izquierdo lleno de intentos, 

y al derecho lo he descosturado para poner ahí todo tu desdén; 

quizá pensando que pueda escaparse sin acumularse, sin llegar al fondo.

Nos hemos auto medicado con tiempo y espacio, sin pensar en la sobredosis; ¿ves aquel abismo? Lo hemos formado con nuestros pasos. Estos pasos, algunos firmes, algunos titubeantes, pero de los dos.

Aun así, te arrastro por las calles, conmigo, aunque no estés, aunque no me des nada. 

Te hago un hueco dentro de mis pensamientos porque quisiera poder compartírtelo todo, y sin embargo, no puedo compartirte mi realidad… Ni en una carta, ni en mil, podrías entender mis dimensiones, y mira que mis letras son lo más cercano a mi corazón honesto.

Nuestros ojos ven en distinta dirección, y aunque vieran en la misma, alguno de los dos usaría lentes 3D, o algún filtro digital. Somos tan distintos.

Hemos sido tantas cosas, y siempre nos aferramos a la que más nos gusta, pero al final, en este caminar, ya no somos los mismos. Nos guste o no, reinventarnos es tarea diaria.

Somos otros, manejando una vieja versión de nuestro amor.

Mi agridulce amor, quizá ha llegado la hora de aceptarnos, y seguir el andar de la verdad.

Mi amor irá contigo, en cada álbum de mi memoria. Mi amor irá contigo, a la eternidad.

Por lo tanto, vaciaré la cartera para pagar el precio de volver a sentir.